Publicado en noviembre 14, 2016
Por Lucy Calderón

Educación y organización comunitaria son claves para convivir con el cambio climático

“La unión hace la fuerza”. Y eso lo saben bien las autoridades de 48 Cantones del Pueblo de Totonicapán, la institución de mayor representatividad y legitimidad entre la población de ascendencia maya k´iche´ del Altiplano Occidental de Guatemala y que desde sus raíces históricas procura el desarrollo económico y cultural de quienes la conforman.

Esta organización también vela con recelo por el manejo y conservación de los bosques comunales de su territorio, el cual se caracteriza por su alto potencial forestal.

Los bosques abarcan unas 21 mil hectáreas -en las que además de una variada vida silvestre de flora y fauna, como el caso del pinabete (Abies guatemalensis), especie exclusiva del país- se han identificado unos 2 mil nacimientos de agua.

Es tan apreciada la riqueza de los recursos naturales del Municipio de Totonicapán, cabecera del departamento que lleva el mismo nombre y que está situado a 203 kilómetros de la ciudad de Guatemala y a 2,495 metros sobre el nivel del mar, que sus habitantes, en un 98 por ciento indígenas, la defienden a toda costa.     

Ninguna persona ajena a la comunidad y que no tenga la autorización de los líderes de esta puede adentrarse en sus áreas protegidas sin arriesgarse a ser reprendida con base en sus leyes consuetudinarias.

Incluso, los mismos pobladores de los 48 cantones deben contar con el permiso respectivo para hacer uso de los recursos que el bosque provee. Ellos se rigen por un modelo de gestión territorial ancestral que les ha permitido efectuar un buen aprovechamiento de la naturaleza.

Sin embargo, “hay una brecha inmensa de disparidades y desigualdades sociales, económicas y políticas que no permiten el desarrollo en la calidad de vida de las personas del municipio”, indica el Plan de Desarrollo 2011-2021 elaborado por el Consejo Municipal de Desarrollo y la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia, 2010.

Según el citado documento, el 72.66% de la población se encuentra en condiciones de pobreza, es decir obtiene menos de US$2 diarios de ingreso; y dentro de estos se registra una población de 8.86% en condiciones de pobreza extrema, o sea personas que obtienen solo US$1diario.

Además de las condiciones de vida de su población, el territorio de Totonicapán ha sido afectado por inundaciones, erosiones, deslaves e incendios. El paso del Huracán Mitch en 1998 y la Tormenta Tropical Stan en 2005 causaron destrozos; el huracán, por ejemplo, ocasionó la pérdida de viviendas, cosechas, animales de crianza e incluso vidas humanas.

La llegada del cambio climático ha incrementado sus vulnerabilidades, por lo que para hacerle frente y aprender a convivir con él, los pobladores de los 48 cantones están dándole relevancia a la educación ambiental y a la conservación de las fuentes de agua, alimento, materia prima, combustible y medicina, entre otros valiosos servicios ecosistémicos que les brindan sus bosques.


¿Cuáles son los efectos del cambio climático en Totonicapán?
Para conocer las consecuencias derivadas de los drásticos cambios en los patrones del clima del municipio y qué medidas están adoptando para mitigar y adaptarse a los nuevos escenarios climáticos, EcocienciaGT entrevistó al ingeniero agrónomo Mario Ardany de León Benítez, originario de Totonicapán.

De León es Oficial de Programa, de Ecologic Development Fund una organización internacional no lucrativa que tiene como misión empoderar a las comunidades rurales e indígenas de Centro América y México para restaurar y proteger sus ecosistemas tropicales.

“Adaptarnos es lo que nos queda”
Las cambiantes condiciones climáticas de temperatura, humedad y precipitación han impactado la seguridad alimentaria del Altiplano Occidental de Guatemala, refiere el ingeniero agrónomo Rolando Gómez, director regional de la Fundación para el Ecodesarrollo y la Conservación (FUNDAECO).

“En las partes bajas del occidente ha escaseado el agua, la producción agrícola descendió y algunas especies de animales comenzaron a migrar. Hace tres años en la Sierra de los Cuchumatanes nevó y eso no había pasado antes; la frecuencia con que ahora ocurren granizadas y heladas impactan grandemente, porque queman cultivos e incluso a especies forestales en crecimiento”, añadió Gómez.

La intensidad de las precipitaciones también incide en derrumbes que obstruyen carreteras e impiden que las personas salgan de sus comunidades para comercializar sus cultivos. Al no tener ingresos para satisfacer sus necesidades básicas, ejercen más presión sobre los recursos naturales. “A nivel nacional y del Altiplano Occidental hay bastantes amenazas debidas al cambio climático, por eso lo que nos queda es adaptarnos”, enfatizó Gómez.

                              Ingeniero agrónomo Rolando Gómez, director regional de FUNDAECO

 

Mitigación y adaptación van de la mano
Reducir o eliminar las prácticas que generan los Gases de Efecto Invernadero (GEI) que están incrementando la temperatura global del planeta, o aumentar las reservas de almacenamiento de carbono para que estas no sean liberadas a la atmósfera son las bases de la mitigación.

Mientras, la adaptación consiste en todas las acciones que de forma individual, grupal y empresarial se deben efectuar para ajustarnos a las nuevas condiciones de frío o calor extremo, sequías prolongadas, heladas intensas o tormentas de granizo, etcétera, con el objetivo de ya no verlos como amenazas que pueden causar daños, sino aprender a manejarlos y vivir con ellos.

“Tanto mitigación como adaptación deben ir de la mano, complementarse”, dijo Jonathan Schwars, del Proyecto Desarrollo con Bajas Emisiones de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, durante el Segundo Congreso Nacional de Cambio Climático que se efectuó la ciudad de Quetzaltenango, otro de los departamentos del Altiplano Occidental de Guatemala y que también está siendo afectado por el cambio climático.

Para saber dónde mitigar y cómo adaptarse, primero hay que definir las amenazas, recalcó el ingeniero Rolando Gómez, de FUNDAECO. También es imperativo que los alcaldes municipales prioricen la ejecución de obra verde (conservación de áreas verdes en el casco urbano, restauración de áreas fragmentadas, cosecha de agua de lluvia), no solo gris (puentes o carreteras). Y añadió: “Mientras más se tomen en cuenta los recursos naturales en las estrategias de mitigación y adaptación, estos seguirán proporcionando servicios ambientales a la población”.

Para Marta Pérez de Madrid, Oficial de Cambio Climático de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para Centro América, México y El Caribe, “las municipalidades tienen que involucrarse desde el principio en los procesos de adaptación al cambio climático”, porque adaptarse es: “tomar decisiones, fomentar las soluciones que la naturaleza nos da y levantar el perfil que los ecosistemas tienen como respuesta al cambio climático”, según explicó durante un seminario virtual para periodistas sobre Adaptación Basada en Ecosistemas.

En el caso de los 48 cantones de Totonicapán, sus líderes participan activamente en la ejecución de proyectos que benefician a sus comunidades, incluidos los de mitigación y adaptación al cambio climático. Están bien organizados en cinco distintas juntas directivas y durante un año realizan trabajos comunitarios en pro de su municipio y sin recibir remuneración.

Para muestra: las estufas ahorradoras de leña
La condición de pobreza en que viven muchas personas de los 48 cantones de Totonicapán, sobre todo de quienes habitan el área rural, es una de las razones por las cuales emplean la leña como principal fuente energética de sus viviendas. 

Ante ese panorama, una de las maneras de contribuir a la preservación de los recursos naturales de la comunidad, de mitigar y adaptarse al cambio climático, así como de ayudarse a mejorar sus condiciones de vida es usando una estufa ahorradora, cuyo diseño reduce el consumo de leña y además ayuda a prevenir enfermedades respiratorias, porque las cocinas no se llenan de humo. 

Y eso es lo que hacen Ecologic y la Junta Directiva de Recursos Naturales de la Organización Comunitaria ancestral de los 48 cantones. Ellos seleccionan, previos estudios socioeconómicos, a las familias que pueden hacerse acreedoras a una estufa ahorradora.  

Para que las familias beneficiarias valoren y cuiden la estufa que se les entregará, deben hacer un aporte que consiste en 2 sacos de arena, 20 blocks y 2 sacos de barro, así como costear la mano de obra del ayudante del albañil que la construya. 

También deben comprometerse a participar en jornadas de reforestación, en charlas de sensibilización ambiental y en talleres de hogares saludables. En estos últimos, y a través de metodologías demostrativas y vivenciales, se les enseña desde la correcta manipulación de los alimentos, hasta el uso, higiene y mantenimiento de su nueva estufa ahorradora.

El cemento, los ladrillos, los tubos para la chimenea y la plancha donde se calentarán los alimentos los aporta Ecologic. Posteriormente, los técnicos de esta organización efectúan visitas a los hogares para evaluar el uso y cuidado que le están dando a la estufa. Es así como han podido comprobar que el modelo que construyen es el más adecuado y aceptado por las personas en las comunidades.   

Conozcamos la historia de doña Dora Argueta, del cantón Chiyax, quien gracias a la ayuda y solidaridad de sus vecinos logró obtener una humilde vivienda, requisito indispensable para luego tener su estufa ahorradora.


La vida gira alrededor de los bosques y el agua
Gracias a que el bosque comunal de Totonicapán ha estado por muchos años en manos de los líderes de los 48 cantones, los problemas que lo afectan no lo han deteriorado al extremo.

Según relató el ingeniero agrónomo Fernando Recancoj, de la organización Ecologic, dentro de la cosmovisión maya-k´iche´ existe el tema del servicio o “K´axcol” en idioma k´iche´ que traducido literalmente significa sacrificio o dolor. Pero en un sentido más amplio y comunitario se refiere a brindar un servicio. 

La Junta Directiva de Recursos Naturales de los 48 cantones es la que coordina con Ecologic los proyectos que pueden trabajar en equipo. La función de esa junta es velar por el buen manejo de las 21 mil hectáreas de bosque comunal en donde hay más de 2 mil nacimientos de agua y ahí radica la fortaleza de la organización, enfatiza Recancoj.

También existen comités de agua potable con más de 200 beneficiarios cada uno y todos trabajan para que las cuencas estén reforestadas, sobre todo ahora que la variabilidad climática producida por el calentamiento global ha afectado la región con períodos de sequía más prolongados, lluvias intensas que caen en menor tiempo y heladas más fuertes. Situaciones climáticas que les estarían afectando en mayor escala, de no ser por los trabajos de conservación y restauración que han realizado las comunidades de manera ancestral y a los que en la última década les han integrado el conocimiento científico y la tecnología.

Por ejemplo, hasta hace 10 años no existían los viveros forestales comunitarios que en la actualidad les proveen de las especies de árboles nativas para que reforesten las zonas degradadas, comentó el ingeniero Mario Ardany de León, Oficial de Programa de Ecologic para Guatemala.

A continuación, conozcamos por qué los habitantes de los 48 cantones del Pueblo de Totonicapán valoran la conservación de sus bosques.

 

Es así como los líderes y pobladores de los 48 cantones del Pueblo de Totonicapán van un paso adelante de los habitantes de áreas urbanas y en especial de los citadinos, tanto en sus niveles de organización comunitaria, como de compromiso y ejecución de acciones que les están permitiendo convivir con el cambio climático y mantener los recursos naturales para sus presentes y futuras generaciones.

Comentarios

Magnifico trabajo Lucy, mis felicitaciones por el premio. Me recuerda el trabajo de la U.

Magnifico trabajo Lucy, mis felicitaciones por el premio. Me recuerda el trabajo de la U.

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