Publicado en agosto 01, 2017
Por Lucy Calderón

Sembrar y conservar mangles es sinónimo de vida

Los mangles, árboles que crecen en las zonas de transición entre el agua dulce de los ríos y las masas de agua salada de los mares, brindan múltiples beneficios a quienes viven en zonas marino-costeras y al mundo en general.

Contribuyen a la calidad del agua porque filtran sedimentos; son el hogar de distintas especies de plantas, aves, mamíferos y reptiles, así como de peces, moluscos y crustáceos de los que dependen en 100 por ciento muchos pescadores.

Ofrecen una barrera de protección natural contra tormentas, inundaciones, vientos fuertes y la erosión. También mitigan el cambio climático al capturar de la atmósfera unos 2.8 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año, según indica el Programa de Naciones Unidas para el Ambiente (UNEP, por sus siglas en inglés).

Por tales razones, la salud de los mangles, del medio en que viven (manglares) y de las distintas especies de plantas y animales que los habitan son esenciales para el bienestar de las personas, la seguridad alimentaria y la protección de los poblados circunvecinos.

Área de mangles en el Canal de Chiquimulilla, departamento de Santa Rosa en Guatemala. Foto: Lucy Calderón

Conscientes de esos beneficios o servicios ecosistémicos que ofrece el bosque de mangle, varias comunidades del Litoral Pacífico de Guatemala, con el apoyo de instituciones gubernamentales, internacionales y privadas efectúan jornadas de reforestación y de restauración de manglares degradados.

Aunque la tarea no es sencilla, porque se requiere de tiempo y disposición a mojarse la ropa, enlodarse y hasta ser picados por los mosquitos que abundan en las zonas tropicales, aun más en época de verano, los entusiastas participantes de las citadas jornadas de reforestación y restauración han conseguido buenos resultados.

 

En los últimos cuatro años, en la Comunidad Blanca Cecilia, en el Municipio de Iztapa, Departamento de Escuintla, en Guatemala, 300 voluntarios han logrado reforestar 5 de las 11.5 hectáreas que se encuentran degradadas en la zona.

Gabriela y Niurca, dos de las entusiastas jóvenes que participan en la reforestación de esa área, comentan que les gusta apoyar porque “el mangle es vida” y quieren seguir disfrutando del paisaje y de los animales que viven en ese ambiente.

“Si se quiere tener madera para construir ranchos también se deben sembrar nuevos árboles para reponer los que se hayan cortado”, añade Niurca. (El vídeo que acompaña esta nota muestra cómo reforestan).

Las jornadas de reforestación en esa zona forman parte del Proyecto Conservación y Uso Sostenible de la Biodiversidad en Áreas Protegidas Marino-Costeras que impulsa el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el cual es ejecutado por el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) y el Consejo de Áreas Protegidas (CONAP).

El Instituto Nacional de Bosques (INAB) también es un socio estratégico del citado proyecto que cuenta con el apoyo financiero del Fondo Mundial para el Medioambiente (GEF, por sus siglas en inglés).

¿Cómo y qué especie de mangles sembrar?
Los mangles son árboles de la familia de las rizoforáceas cuyas ramas, largas y extendidas, dan unos vástagos que descienden hasta tocar el suelo y arraigar en él. Son propios de los países tropicales y las hojas, frutos y corteza se emplean en sitios donde se curten y trabajan las pieles.

En Guatemala crecen cuatro de las 69 especies de mangle que existen en el mundo: El Rojo (Rhizophora mangle); El Blanco (Laguncularia racemosa); el Botoncillo (Conocarpus erectus) y El Negro o Madre sal (Avicennia germinans).

Aunque cada especie tiene características propias, como por ejemplo su distinta tolerancia a la salinidad, en una misma área pueden encontrarse tres o las cuatro especies juntas. También se sabe que el mangle rojo es el de menor tolerancia a la sal, pero el más resistente a tormentas e inundaciones. Sus raíces llamadas zancudas lo ayudan a soportar las mareas altas. 

“Los manglares son ecosistemas naturales complejos, muy fáciles de destruir pero no tanto de recuperar”, enfatiza la bióloga Celeste Méndez, del Departamento de Conservación de Ecosistemas Forestales Estratégicos del INAB.

La bióloga Celeste Médez durante su trabajo de campo entre manglares. Foto:  Lucy Calderón

Por tales razones, no se puede comparar la estructura o composición de los manglares de Escuintla con los de Izabal o San Marcos, porque las condiciones ambientales y ecológicas de cada departamento son diferentes.

De tal manera que para saber qué especies sembrar y dónde hacerlo son importantes los estudios científicos. Por eso el INAB ha establecido parcelas permanentes de muestreo forestal a través de alianzas estratégicas con universidades, la iniciativa privada, las comunidades y las Mesas Locales del Mangle. 

Méndez, por ejemplo, efectúa su tesis de maestría “Análisis del estado de conservación del ecosistema manglar de la Reserva Natural de Usos Múltiples Monterrico mediante indicadores ecológicos”, con los objetivos de determinar la estructura (tamaño y diámetro) de los mangles que hay en esa área protegida; cuáles se están regenerando de forma natural, cuántos ejemplares hay de cada especie; cuál es la textura, composición y los nutrientes del sedimento en el que crecen; y qué tanta destrucción han experimentado a causa de los humanos.

Otra de las metas de Méndez es medir el estado de conservación o destrucción de los manglares que hay cerca de poblados, de camaroneras y de cultivos de caña de azúcar y palma africana, así como los que se consideran protegidos.

Durante el año que la bióloga lleva realizando muestreos ha visto que la mayoría del mangle de Monterrico ha sido destruido en alguna medida. “Además de talarlo, lo queman para hacer que salgan las tortugas, lagartos y otros animales que se refugian entre sus raíces. Después del incendio la ceniza generada, al parecer -porque no se ha estudiado-, incide en la difícil regeneración de la planta”, indica Méndez.

Por eso los datos que obtenga durante su investigación servirán para establecer las técnicas de siembra más apropiadas para el Litoral Pacífico de Guatemala, así como programas permanentes de supervisión para conocer siempre el estado del manglar y proponer sitios y criterios de restauración, porque como indica Méndez, no se trata de una plantación cualquiera.

Chinampas: técnica de siembra de mangle

Foto cortesía: INAB

Las Chinampas o núcleos de restauración son otra técnica de siembra de mangles que consiste en hacer montículos elevados, para que cuando suba la marea no destruya lo plantado. En estos montículos se siembran varias plantas con pocos centímetros de distancia entre ellas. Esta técnica de restauración que está siendo practicada en la Reserva Natural de Usos Múltiples Monterrico la compartieron investigadores de PRONATURA de la Universidad de Xalapa, Veracruz, México, con el apoyo financiero de la Dirección General de Investigación (DIGI) y el Fondo Mundial para el Medioambiente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Durante el taller de capacitación en esta técnica participó personal del INAB, CONAP, CECON, USAC. 

César Grijalva, guardarrecursos del CECON-USAC. Foto:  Lucy Calderón

Durante el recorrido por el Canal de Chiquimulilla, César Grijalva, uno de los guardarrecursos de la Reserva Natural de Usos Múltiples Monterrico conversó acerca de las bondades de los mangles, lo bien que les está resultando sembrar con la técnica de las Chinampas y los retos que hay en el área como lo son la tala y pesca ilícitas. 

¿Cómo impulsar la protección de los manglares?
Una de las estrategias para promover la valoración y conservación de los manglares en las comunidades cercanas a estos ecosistemas es establecer en ellas las denominadas Mesas Locales del Mangle.

En esos espacios para el diálogo, la coordinación y la gestión a nivel comunitario de la gobernanza forestal y la restauración del ecosistema manglar participan representantes de los Consejos Comunitarios de Desarrollo (COCODES) y de las municipalidades, asociaciones de pescadores, organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales, el Centro de Estudios Conservacionistas de la Universidad de San Carlos de Guatemala (CECON-USAC), entre otras entidades interesadas en proteger a los manglares.

Sus integrantes se reúnen periódicamente para identificar las necesidades de las aldeas que representan y sus problemáticas comunes, así como para determinar cómo quieren y pueden darles solución, porque para el éxito de los proyectos, tiene que haber participación comunitaria.

También promueven la investigación en las áreas donde crecen los mangles y establecen parcelas permanentes de muestreo forestal. Efectúan controles y patrullajes con autoridades de la División de Protección a la Naturaleza (DIPRONA), del CONAP y de las municipalidades.

En la actualidad hay nueve mesas establecidas en el Litoral del Pacífico y una en el Atlántico, específicamente en el Departamento de  Izabal. Todas son coordinadas por el INAB.

Sin embargo, 12 años antes del establecimiento de las Mesas Locales del Mangle se formó la Asociación de Pescadores Artesanales de la aldea las Mañanitas (ASOPESMA), del Municipio de Chiquimulilla, Departamento de Santa Rosa.  En esta comunidad, cuya área también ha sido declarada protegida, viven 125 familias que se dedican a la pesca. 

Según cuenta José Leonel Ávila, uno de los fundadores de ASOPESMA y líder de su comité de recursos naturales, esa asociación nació para gestionar recursos que fortalecieran la pesca artesanal de la aldea y eso incluye la protección de los manglares porque sin estos no habría peces ni crustáceos para pescar.

Desde los inicios de ASOPESMA, sus integrantes se han reunido con los representantes de los COCODES para organizar patrullajes por los manglares y evitar la tala ilegal.  También coordinan jornadas de reforestación, capacitaciones para darle valor agregado al producto pesquero y hasta han conseguido que los bancos les otorguen créditos a los pescadores, con los cuales han podido comprar lanchas.

José Leonel Ávila, integrante de ASOPESMA, en comunidad Las Mañanitas, Santa Rosa.  

“Por ese trabajo previo que nosotros veníamos realizando no nos fue difícil acoplarnos a las Mesas Locales del Mangle ni a las actividades que ahí se planifican. La diferencia es que ahora contamos con asistencia técnica, más presencia del INAB y en la actualidad ese instituto es el que coordina los patrullajes con DIPRONA”, añade Ávila, quien también preside la Mesa del Mangle Hawaii-Monterrico. 

Funcionarios públicos que trabajan en favor del mangle

De izq. a derecha: Vidal Montepeque Barillas, Municipalidad de Taxisco; Guadalupe Aguirre, Municipalidad de Chiquimulilla y Hugo Flores del INAB.

Vidal Montepeque Barillas, Alcalde de la Municipalidad de Taxisco, en el Departamento de Santa Rosa, considera que los bosques de mangle son una oportunidad de desarrollo y bienestar porque brindan muchos servicios a las familias y sus comunidades. Sin embargo, los mangles están siendo talados y al hacerlo no solo se destruye al árbol sino también a las distintas especies de plantas y animales que interactúan con él.

Con el objetivo de frenar esa tala inmoderada y tener un mejor municipio, la comuna de Taxisco estableció un vivero forestal municipal en donde siembran árboles de distintas especies y cuya madera puede servir para leña y construcción de viviendas.

Entre los árboles que siembran están el eucalipto (Eucalyptus), el conacaste (Enterolobium cyclocarpum), palo blanco (Enterolobium cyclocarpum), cedro (Cedrus), matilisguate (Tabebuia rose) y caoba (Swietenia humilis), por citar algunos.

“Cuidando los manglares tendremos mayor diversidad y un ambiente saludable, que necesitamos todos”,  asegura Montepeque, a la vez que recomienda siempre averiguar de dónde proviene la madera que se adquiera para distintos usos y preferir la que sea de un vivero certificado.

Mientras, Guadalupe Aguirre González, concejal primero de la Municipalidad de Chiquimulilla también en Santa Rosa, comenta que el municipio es bastante visitado por sus hermosas playas. 

Por eso, el primer paso que dieron para la protección de los manglares y el mantenimiento de un ambiente sano y agradable fue llevar a cabo una campaña de limpieza en Las Lisas, una de las nueve playas con las que cuentan.

“Queremos convertir a las Lisas en una playa modelo a nivel nacional, libre de basura”, enfatiza Aguirre, “y evitar perder más playa, como ocurrió en la Barra del Jiote, donde desde el 2012 el mar se ha comido dos kilómetros de costa, situación alarmante que se debe a la tala de árboles de mangle”, indica. 

Otra de las acciones que lidera Aguirre es la educación de los habitantes de Las Lisas para que comiencen a clasificar su basura y aprendan a reducir, reusar y reciclar, así como a disminuir el uso de plásticos desechables.

¿Y los incentivos forestales?
Hugo Flores, director regional IV de INAB suroriente, comenta que a través de programas de incentivos forestales se promueve la conservación del ecosistema manglar y por medio de estos han otorgado 4.2 millones de quetzales para cinco mil 231 hectáreas que han sido reforestadas.

Desde el 2012 y con el apoyo del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático, las municipalidades y las Mesas Locales del Mangle promueven los viveros forestales para producir árboles que se conviertan en otras opciones de materia prima para disminuir la presión sobre los mangles. A la fecha han establecido un millón 656 mil 086 plantas. 

Además, a través de los cursos de manejo sostenible del bosque manglar y restauración de los manglares en los que participan representantes de iniciativas civiles y privadas esperan seguir contribuyendo a la recuperación de esos ecosistemas en el Litoral Pacífico de Guatemala, porque “sembrar mangle es sembrar vida”.

Añadir nuevo comentario